POR: STEFANY ESCANDON Y VIVIAN VALDERRAMA
Alguien me dijo de dónde es usted que canta tan bonito esta parranda, cuenta Carlos Huertas en una de sus más reconocidas canciones. Somos de Colombia, pues para ser vallenatos no podríamos venir de otro lugar. El vallenato nació y creció en Colombia, aunque los instrumentos se remonten a otras latitudes. El acordeón, por ejemplo, el mismo pedazo de acordeón donde tenía el alma Alejo Durán llegó a Colombia desde Alemania a finales del siglo XIX, así mismo, la caja llegó desde África. Por su parte, la guacharaca, el más original y autóctono de los instrumentos de la trilogía vallenata, fue cosechada en la tierra del olvido, donde la luna alumbra por las noches los caminos.
Es entonces, con la unión de estos tres elementos, cuando el vallenato adquiere sentido y forma, pero su acogida sigue viniendo de las clases populares.
No es sino hasta Principios de los 70’s cuando el vallenato adquiere reconocimiento nacional, y esta vez por muy alto que vuele y se eleve el águila ya no regresa a su nido con precisión. Esta música que era más local, se convierte en una referencia obligada dentro de la cultura colombiana, el vallenato es a partir de ese momento reflejo de nuestros sueños, carencias, necesidades e incluso, de nuestros más secretos anhelos.
Es música del alma y para el alma, en cuyas letras se retrata unas veces con orgullo y otras, con vergüenza la naturaleza del ser costeño. Sin embargo existen quienes a menudo, son excluidos de esta pintura social: las mujeres.
Son ellas a quienes se ha desdibujado a lo largo de la historia, en parte porque en muy pocos casos son ellas las que cuentan, en cambio son las contadas, y en parte también porque en una sociedad donde la costumbre es norma los cambios, llegan tan rápidos como tortugas cojas
Pensando en la parte del camino que falta por recorrer es necesario hacer un alto para darle una nueva voz a la mujer. Una voz que no sólo la cante y la cuente sino que se atreva a decir lo que la canción por si sola, calla. Y como sólo buscando en el silencio se encuentra la voz perdida, será necesario buscarla en la historia vallenata, comienzo y fin de esa apagada voz
La historia del vallenato ha parido tres hijos, el hijo mayor llamado Juglar nació en el campo, sus canciones tenían un lenguaje sencillo y en ellas dejaba ver el mundo del que provenía. Fuentes de inspiración eran la naturaleza, las vivencias de personajes y situaciones del diario vivir, le cantó al río, a las aves, las flores, la hierba y a todo cuanto sus ojos podían ver. Así fuimos conociéndonos todos en la costa.También le cantó a las mujeres y al amor y la mejor forma de honrarlas fue nombrándolas, así nació ‘Joselina Daza’ y ‘Fidelina’, y ‘Alicia Adorada’ y ‘Diana’, y ‘María Tere’ y ‘Dina Luz’.
El segundo hijo de la historia vallenata, llamado Tradicional, el consentido, el más querido de los tres, es un experto conquistador. Él, dedicó parte de sus días y noches a retratar a las “buenas” mujeres que conocía, sus halagos fueron siempre para aquella “tan frágil, tan sensible, como su novia querida”, las recriminaciones, por el contrario, estaban dirigidas a la que cuando él amaba y en ella confiaba, lo traicionó.
Lo que nunca cambió para él fue la relación que con ellas sostenía, ya fueran buenas o malas, siempre eran suyas. Su reina, su mujer, su novia, su esposa. Y todavía no falta quien se las llame que si son traviesas sus reinas coquetas.
Finalmente nace el hijo menor de la historia llamado Nueva Ola. Le gusta mucho innovar con instrumentos y ritmos musicales. Su juventud le da un aire más fresco a las canciones así como el uso de términos típicos de su generación. Las mujeres a las cuales les canta van a los sitios de moda, se tinturan el cabello, usan lentes de contacto y hablan en forma desprevenida Aunque en el fondo se parece mucho a su hermano tradicional pues aunque cambie la forma de expresión se mantienen las mismas temáticas.
Y es que aunque el vallenato cambie, para unos evolucione para otros se degenere, siempre se nutrirá de su contexto. Algunas veces le cantará a lo que no pase. Muchas, a lo que suceda a su alrededor. Las mujeres seguirán siendo musas inspiradoras. Estimuladoras de verdad, de amor puro, de fidelidad y demás sentimientos nobles. Pero también seguirán siendo símbolo de posesión, de desigualdad y de ofensas. Tiene que cambiar la realidad para que cambien las letras, pues de nada valdrá una casa en el aire para compartirla con un celoso, malgeniado y malagente aunque afirme ser quien más la quiere.